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Lo que digo es TABÚ

Este artículo lo he tenido guardado por más de un mes. Hoy decido que es hora de dar un paso y dejar de silenciar todo aquello que pienso como si fuese una terrorista. Lo que siento que quieren que piense. La libertad reside en ser valiente; yo hoy me arrojo al vacío sin saber qué hallaré al fondo o sin tan siquiera hay tal.

Límites.

La vida es eso después de todo, ¿no?

Un comienzo y un final. Pero no puedes iniciar algo sin que lo anterior esté finiquitado. Hay «normas» que rigen este mundo y que imposibilitan la anexión de dos términos complementarios a la par que opuestos.

Mas me pregunto yo, y no por primera vez, en qué momento el ser humano creó tantas fronteras para todo lo que hace. Sin ir más lejos, para ser. Nadie se definirá hoy en día de manera simple y concisa. No. Lo hará dando explicaciones; vacuas explicaciones de quién es y por qué lo es. Y en el proceso creará más líneas. Una red infinita de chorradas que nos alejan de la autenticidad, de lo básico.

Dicen que «tu libertad empieza donde acaba la mía». Bueno, tal vez he extrapolado algunos términos y así no reza la frase original, pero en mi mente se repite de esta manera. Y en resumen me encuentro con una gran farsa.

Reflexionando en estos días, que en realidad han sido semanas —si me paro a medir el tiempo a fondo puede que hayan sido meses, quizá me remonte al año pasado—, nuestro formato de sociedad es una porquería.

No descarto que la aborrecible pandemia haya hecho mella en el ánimo, casi caduco de esperanza en sabe Dios qué. Puede que las guerras, aunque lejanas, reales que el mundo todavía batalla me resulten incomprensibles en individuos cuya madurez mental tendría que optar por otros cánones de lógica y diplomacia. Os juro que es como leer esos libros de historia del instituto, ajenos a uno porque es historia antigua. Pretérito encallado en la actualidad.

En este período… indefinido, dejémoslo ahí, he sido testigo de la reincidencia de unos actos esclavos. Porque una vez manifestados, optan por volver en bucle.

Estoy divagando, soy consciente; sin embargo ordenar mis ideas a estas horas de la madrugada me resulta cansado. Por otra parte… ¡Qué diablos!

Aniquilaré tantos colectivos como pueda.

Políticos, religiones, guerra de sexos…, y un largo etcétera. Temas que por trillados me resultan vomitivos.

Que ahora ya no se es hombre o mujer, puedes ser binario, no binario o un puto jabalí. ¿Molesta lo que digo? Claro, es verdad, no soy progre. Definamos esa palabra en la actualidad. «Voy de moderno por la vida, adaptándome a las nuevas tendencias y si no me comprendes fusilo tu opinión con un aluvión de críticas e insultos acompañado, claro, de los que piensan igual que yo».

Ahora es cuando me pongo reflexiva. He leído un montón de vidas; reales y ficticias. Creo que eso… No. Estoy segura que ello me ha permitido comprender muchos puntos de vista, situaciones y posibilidades en la desembocadura de un desenlace. La definición dada arriba no es un equivalente descabellado. Aunque sí muy similar a una dictadura. Una línea peligrosa que hoy en día es tan diáfana que cuesta situarla.

He aquí cuando retomo mi inicio de narración. Hemos mancillado hechos del ser hasta el punto de sentirnos avergonzados de lo que somos, porque ello nos define y queremos ser aceptados. Las redes sociales ayudan mucho a ello. Twitter, sin ir más lejos, es un lugar para la dentellada de carnada fresca: gente con autoestima baja, ignorante de lo que ese sitio cobija o que ha tenido la mala idea de pensar diferente. ¡Tío, pero cómo se te ocurre!

Es curioso. Buscamos ser únicos, pero sepárate del rebaño y nos encargaremos de masacrar tu espíritu. Absurdo, ¿verdad?

El cinismo es acojonante y hoy se practica hasta la prostitución.

No te diré que soy mujer, te daré un calificativo más top, porque es más importante lo que digo y cómo me proyecto visualmente que la forma que tengo de defenderlo. Callaré que me gusta la bandera de mi país porque es ser facha, aunque en el armario tengo camisetas con banderas de países extranjeros que son más cool. Quizá no, pero en mi país, España, es así. Ah, y casi se me olvida mi ejemplo favorito y que me resulta repulsivo por varios motivos. Arremeteré contra el sexo masculino (no olvidemos que si nos seguimos calificando biológicamente aquí hay buenos y malos, vete a saber tú por qué), el patriarcado, cogiendo mi privilegiada posición —en la que mujeres de verdad y HOMBRES, que también los hubo, lucharon por derechos reales en vicisitudes de agárrate y no te menees años atrás para que estés donde te encuentras ahora—, victimizándola hasta el hartazgo y consiguiendo que el feminismo sea de todo menos una palabra de igualdad.

Todo está tan politizado que es aberrante el desglose que hay. Se coge algo «necesario de cambio» y se convierte en una batalla campal entre los ciudadanos, los que en realidad tienen el poder. Los de arriba nunca pierden. Eso jamás. Pero mientras tú estás combatiendo por un tema que se ha puesto en la parrilla no observas cómo te ningunean por atrás.

Límites…

Me he sentido limitada muchas veces a decir lo que pienso por miedo al linchamiento colectivo. Demasiadas. Joder, que soy escritora y me he puesto en la piel de mil elucubraciones distintas. Las he comprendido, respetado y compartido desde la visión más cruda. Pero que entienda algo no significa que lo comparta.

No entiendo que alguien me tenga que especificar su orientación sexual, si se ha vacunado o no contra el Covid o la religión que profesa. Etiquetas que no nos definen en absoluto. Me veo en un futuro no muy lejano en un grupo de miopes como una nueva forma clasificatoria de la sociedad. Tal vez me enfrente con los que poseen hipermetropía, porque claro ellos pueden ver de otra forma en que yo no. ¡Qué estupidez, a que sí?

Pues así me siento yo cada vez que veo las gilipolleces de este mundo. Chorradas clasificatorias sin ningún valor. Límites impuestos que perduraron más allá del tictac del tiempo y que siguen, en nuevo formato, dando por culo —y no en el buen sentido—.

¿Cambios? Escasos y cada vez más deficientes. ¿Luchas? Eternas y sin un objetico claro.

¿Loca? Diría que no, pero ya hasta puede.

Es tarde. Tanto que debería llevar horas durmiendo, por esa salud mental que pende de un hilo. He comenzado abriendo la Caja de Pandora y he dejado este artículo pendiendo de una cuerda débil por no querer ser más clara. El sabio entenderá sin necesidad de más explicaciones, el necio… bueno, de él me espero una sarta de soeces a cada cual más rebuscada e hiriente.

Hasta aquí el primer apartado.

Firmado: Una que está harta y se ha quitado la mordaza de la boca.

https://toryakroloez.wordpress.com/

1 comentario en “Lo que digo es TABÚ”

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