Ante la muerte: lo que sabemos, lo que creemos y cómo vivimos
De los textos funerarios egipcios al Bardo Thödol, de Valhalla a Epicuro: un recorrido por las respuestas que hemos dado a nuestra pregunta más difícil.
Estos días estoy leyendo el Bardo Thödol, conocido en Occidente como El libro tibetano de los muertos. Su lectura invita a detenerse en algo que solemos dejar para después: qué significa morir y qué podría ocurrir cuando nuestra vida termina.
La pregunta tiene una dificultad peculiar. Podemos imaginar nuestro entierro, una habitación vacía o a quienes queremos siguiendo adelante. Pero seguimos colocándonos allí, como espectadores. Nos cuesta imaginar nuestra ausencia sin introducir de algún modo nuestra presencia.
Ante ese límite, diferentes culturas han descrito caminos, juicios, regresos y mundos invisibles. La filosofía ha examinado nuestros temores. La ciencia investiga los procesos del morir y las condiciones de la conciencia. Cada aproximación plantea preguntas y ofrece respuestas de distinta naturaleza.
Recorrerlas exige curiosidad y una precaución: que dos relatos se parezcan no significa que digan lo mismo, y que una creencia sea antigua no la convierte en una prueba. Tampoco hace falta compartirla para intentar comprender qué significa para quienes viven con ella.
Egipto y el Tíbet: palabras para acompañar al difunto
La conexión parece inmediata: un libro egipcio de los muertos y otro tibetano. Sin embargo, parte del parecido empieza en el nombre. El título occidental del Bardo Thödol fue elegido por Walter Y. Evans-Wentz por analogía con el libro egipcio. Su denominación tibetana remite a la liberación mediante la escucha durante el estado intermedio. [1]
En Egipto, lo que llamamos Libro de los muertos reúne fórmulas funerarias destinadas a ayudar al difunto en el más allá. Sus palabras podían protegerlo y permitirle superar peligros. Uno de los episodios más conocidos es el pesaje del corazón: la vida del fallecido se confronta con maat, el principio de verdad, justicia y orden, representado por una pluma. [2]
Aquí podemos ver algo más que una aventura sobrenatural. El viaje incorpora una pregunta moral: ¿cómo hemos vivido? La muerte no borra sin más la responsabilidad por nuestros actos.
En el Bardo Thödol, dentro de una tradición concreta del budismo tibetano, las instrucciones orientan a la conciencia durante la muerte y los estados intermedios. El reconocimiento de las apariencias que surgen tiene una función decisiva en la posibilidad de liberación; el horizonte incluye también el renacimiento. [1]
La coincidencia es sugerente: en ambos casos, las palabras de los vivos pueden ayudar al que muere. La muerte aparece como un tránsito que requiere orientación.
La diferencia afecta al centro mismo del viaje. No debemos equiparar la continuidad del difunto egipcio con el renacimiento budista, ni trasladar sin más nuestra idea de un alma permanente al budismo. La doctrina budista del no-yo cuestiona precisamente la existencia de una identidad inmutable. [3]
Podríamos leerlos como dos maneras de preparar un paso difícil, sin convertirlos en versiones de una misma enseñanza secreta.
Valhalla: un destino que no era para todos
La imagen es poderosa: guerreros caídos, valquirias y el salón de Odín. Pero Valhalla no resume todas las concepciones nórdicas sobre la muerte.
Las fuentes presentan diversos destinos y formas de continuidad. Además de Valhalla, encontramos Fólkvangr, vinculado a Freyja, y Hel; también existen representaciones de muertos ligados a sus túmulos. Los relatos y las prácticas no componen un sistema perfectamente uniforme. [4]
Eso obliga a abandonar la idea de que todos los muertos entraban en un único proceso de selección semejante a un juicio moral. En el imaginario de Valhalla pesan la guerra, la elección divina y la pertenencia al mundo de Odín.
Compararlo con el pesaje egipcio resulta útil precisamente por la diferencia: el corazón ante maat y el guerrero elegido por las valquirias expresan criterios distintos. No son dos decoraciones para una misma recompensa.
También conviene recordar que muchas fuentes nórdicas escritas se conservaron en contextos posteriores a la conversión al cristianismo. Lo que hoy reconstruimos requiere interpretar testimonios de épocas y géneros diferentes. [4]
Los mundos celtas: una frontera que puede cruzarse
Hablar de «lo que creían los celtas» resulta cómodo, pero reúne pueblos, territorios y siglos demasiado diversos. Conviene concretar: por ejemplo, los relatos medievales irlandeses del Otro Mundo, sin suponer que describen intacta la religión de todos los pueblos antiguos de lengua celta.
En El viaje de Bran, conservado en la tradición literaria irlandesa, el mar conduce a un mundo maravilloso y el regreso enfrenta a los viajeros con el paso del tiempo. Podemos leer el relato como una exploración de las fronteras entre la existencia humana y un ámbito que obedece a otras reglas. [5]
Hay aquí una diferencia con la imagen de un más allá reservado exclusivamente a los fallecidos: el Otro Mundo de estos relatos puede ser visitado por personajes vivos. Por eso sería una simplificación convertirlo en «el cielo de los celtas».
El interés de esta comparación está en cómo imaginamos la distancia. ¿Lo que buscamos está después de la muerte, al otro lado del mar o escondido junto a nuestro mundo? La geografía de lo invisible también expresa una manera de entender nuestra vida.
Resucitar, renacer y seguir existiendo
En una conversación cotidiana podemos mezclar estas palabras. Sin embargo, nombran respuestas distintas.
En el cristianismo, la resurrección ocupa un lugar central. Por ejemplo, el catecismo católico afirma la resurrección corporal y la reunión del cuerpo transformado con el alma. Reducir esta esperanza a un espíritu que abandona para siempre el cuerpo deja fuera una parte esencial de la doctrina. [6]
El renacimiento budista pertenece a otro marco: no equivale a la resurrección de una persona por Dios ni requiere imaginar un alma inmutable cambiando de cuerpo. Y la continuidad que procuraban los ritos funerarios egipcios tampoco debe traducirse automáticamente a ninguna de esas dos categorías. [1–3, 6]
Podemos reconocer una preocupación compartida —si algo de nuestra existencia continúa— y aceptar que las respuestas discrepan profundamente sobre qué somos.
Epicuro: cuando llega la muerte, nosotros ya no estamos
Desde la filosofía llega una respuesta que cambia la dirección de la pregunta. Epicuro escribe en su Carta a Meneceo, en una traducción posible:
«Mientras nosotros existimos, la muerte no está presente; cuando la muerte está presente, nosotros ya no existimos». [7]
Su razonamiento parte de que el bien y el mal que experimentamos requieren sensación, y de que la muerte supone su ausencia. Desde esa premisa, estar muerto no sería una experiencia dolorosa que nos aguarda. No habría un «yo» condenado a soportar eternamente la oscuridad.
El argumento permite distinguir varios temores que a menudo amontonamos. Podemos temer el dolor al morir, la separación de quienes queremos, los proyectos inconclusos o la inexistencia misma. La reflexión de Epicuro se dirige especialmente a este último problema. No elimina por sí sola el sufrimiento del duelo ni las dificultades del proceso de morir.
Además, deja abierta una objeción filosófica: aunque no podamos experimentar nuestra ausencia, ¿perdemos algo al dejar de vivir? Podemos lamentar los años, encuentros y posibilidades que ya no tendremos. La discusión enfrenta dos intuiciones: no sentir un daño y quedar privado de un bien no parecen exactamente lo mismo.
La filosofía resulta valiosa aquí porque nos ayuda a precisar qué nos asusta, incluso cuando no consigue disolverlo.
Qué investiga la ciencia cuando estudia la muerte
La investigación científica trabaja con observaciones, mediciones e hipótesis que puedan contrastarse. Por eso debemos distinguir el estudio del morir de las afirmaciones sobre una existencia posterior a la muerte irreversible.
Un ejemplo es AWARE II, un estudio multicéntrico publicado en 2023 sobre conciencia durante la reanimación cardiopulmonar. De 567 personas que sufrieron paradas cardíacas hospitalarias, 28 supervivientes pudieron ser entrevistados; algunos relataron recuerdos o experiencias. El estudio también examinó actividad eléctrica cerebral durante la reanimación. [8]
El dato requiere contexto: esos testimonios proceden de supervivientes a una parada cardíaca, no de personas que hayan regresado de una muerte irreversible. Los resultados tampoco permiten asignar todos los recuerdos a un momento preciso ni demostrar una conciencia independiente del cerebro.
Otra investigación de 2023 observó aumentos de actividad y conectividad cerebral en dos de cuatro pacientes comatosos durante el proceso de morir. Los autores señalaron una limitación fundamental: como los pacientes no sobrevivieron, no pudieron determinar si esa actividad correspondía a una experiencia subjetiva. [9]
Son hallazgos que justifican seguir investigando. No permiten anunciar que se haya localizado el alma ni afirmar que ya conocemos la explicación completa de todas las experiencias cercanas a la muerte.
La prudencia funciona en ambas direcciones. Una vivencia puede ser profunda y transformar a quien la recuerda sin que su interpretación sobrenatural quede demostrada. Y que queden preguntas abiertas tampoco convierte cualquier explicación en igualmente probable.
Lo que coincide y lo que cambia
Si ponemos estas perspectivas unas junto a otras, aparecen temas recurrentes: la necesidad de orientación, la relación entre los actos y el destino, el deseo de continuidad y el esfuerzo por dar forma a nuestra ausencia. Son semejanzas que podemos explorar, no una prueba de que todas las culturas conocieran una misma realidad oculta.
| Perspectiva | Pregunta central en este recorrido | Diferencia que conviene conservar |
|---|---|---|
| Egipto antiguo | ¿Cómo puede el difunto alcanzar una existencia favorable? | Los textos, la protección ritual y el juicio forman parte de su preparación. |
| Budismo tibetano del Bardo Thödol | ¿Cómo reconocer lo que surge en la transición y alcanzar la liberación? | Renacimiento y liberación no equivalen a conservar un yo inmutable. |
| Tradiciones nórdicas | ¿Qué destino recibe al muerto? | Hay varios destinos; Valhalla no es una recompensa universal. |
| Relatos irlandeses del Otro Mundo | ¿Qué ocurre al cruzar los límites del mundo humano? | No todos estos viajes son relatos sobre muertos. |
| Cristianismo, según la formulación católica citada | ¿Cómo participa la persona en la vida futura prometida por Dios? | La resurrección incluye el cuerpo transformado. |
| Epicuro | ¿Tiene sentido temer nuestra inexistencia? | El argumento parte de la ausencia de sensación tras la muerte. |
| Investigación científica | ¿Qué puede observarse durante el morir y la reanimación? | Sus conclusiones dependen de pruebas y de los límites del estudio. |
La comparación tiene también un límite: una tradición religiosa, un relato literario, un argumento filosófico y un estudio clínico no son testimonios intercambiables. Podemos hacerlos dialogar si explicamos qué clase de respuesta ofrece cada uno.
La pregunta que vuelve a nosotros
Leer sobre la muerte puede llevarnos muy lejos: a un corazón frente a una pluma, a una voz que orienta durante el bardo, a un salón de guerreros o a una isla más allá del mar. Pero el recorrido acaba devolviéndonos a algo próximo: el tiempo que tenemos y las personas con quienes lo compartimos.
No todas estas perspectivas aconsejan lo mismo. Tampoco necesitamos fingir que coinciden para encontrar valor en la comparación. Algunas ofrecen esperanza; otras, disciplina, consuelo o un argumento con el que examinar el miedo.
Quizá una parte de la sabiduría consista en aprender a distinguir lo que sabemos, lo que esperamos y lo que todavía no podemos responder. Y en reconocer que podemos cuidar mejor una vida incluso sin resolver lo que vendrá después.
Mientras intento comprender el Bardo Thödol, esa es la pregunta que me acompaña: ¿cómo cambia nuestra forma de vivir cuando dejamos de apartar la mirada de la muerte?
Fuentes y lecturas
- Smithsonian Folkways, notas de The Tibetan Book of the Dead: contexto del título occidental y del estado intermedio. https://folkways-media.si.edu/docs/folkways/artwork/SFW40583.pdf
- Fitzwilliam Museum, Book of the Dead: spells, y Metropolitan Museum of Art, The Weighing of the Heart. https://book-of-the-dead.fitzmuseum.cam.ac.uk/explore/book-of-the-dead/spells · https://www.metmuseum.org/es/perspectives/the-weighing-of-the-heart
- Buddhist Publication Society, The Three Basic Facts of Existence: III. Egolessness (Anatta), disponible en Access to Insight. Se cita para el principio del no-yo, no como comentario específico del budismo tibetano. https://accesstoinsight.org/lib/authors/various/wheel202
- National Museum of Denmark, The old religion, y Leszek Gardeła, The Dangerous Dead? Rethinking Viking-Age Deviant Burials, para la diversidad de concepciones y fuentes. https://en.natmus.dk/historical-knowledge/denmark/prehistoric-period-until-1050-ad/the-viking-age/religion-magic-death-and-rituals/the-old-religion/ · https://sisu.ut.ee/wp-content/uploads/sites/172/supplement_gardela_2013_dangerous_dead_sms_23.pdf
- University College Cork, Immram Brain: sources: ediciones y traducciones del relato medieval irlandés. https://iso.ucc.ie/Immram-brain/Immram-brain-sources.html
- Catecismo de la Iglesia Católica, artículo 11, especialmente §§988–991 y 1016. https://www.vatican.va/content/catechism/en/part_one/section_two/chapter_three/article_11.index.html
- Epicuro, Carta a Meneceo. La cita española del artículo es una traducción propia del pasaje; la redacción varía según la edición. https://classics.mit.edu/Epicurus/menoec.html
- Parnia et al. (2023), AWAreness during REsuscitation – II, Resuscitation, 191, 109903. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/37423492/
- Xu et al. (2023), Surge of neurophysiological coupling and connectivity of gamma oscillations in the dying human brain, PNAS, 120(19). https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC10175832/
